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miércoles, 23 agosto 2006

No se me importa un pito.

No se me importa un pito que las mujeres

tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
 
Le doy una importancia igual a cero
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
 
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
 
Pero, ¡eso sí!  -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar, ¡pierden el tiempo
las que pretendan seducirme!
 
Esta fue la razón, y no otra, de que me enamorase
tan locamente de Maria Luisa.
 
¿Qué me importaban sus labios por entregas
y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
 
¡Maria Luisa era una verdadera pluma!
 
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa,
volando me preparaba el baño, la camisa,
volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
 
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese,
volando,
de algún paseo por los alrededores!
 
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡Maria Luisa! ¡Maria Luisa!", y a los pocos segundos
ya me abrazaba con sus piernas de pluma
para llevarme, volando, a cualquier parte.
 
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube
como dos ángeles; y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
 
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días enteros entre las nubes,
la de pasarse las noches en un solo vuelo!
 
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca
o con una mujer que tenga las nalgas
a setenta y ocho centímetros del suelo?
 
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.



(Oliverio Girondo)

 

- Precioso, aunque yo no sé si soportaría un aliento insecticida :P 

 

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