Una vez, siendo yo pequeñita, sufrí un dolor de oído que me mantuvo despierta y llorando toda una noche. Mi padre me meció, me acunó, me arrulló, me llevó a Urgencias, corrió a la farmacia de guardia a comprar lo que había recetado el médico y el típico juguetito-para-tratar-de-calmar-niños-con-otitis-nocturna ... me volvió a acunar, me volvió a mecer, me volvió a arrullar ... durante horas.
Pasó toda una noche despierto conmigo en sus brazos, buscando la postura que fuera más cómoda para mi y mi oido, aunque esa postura le significara a él sufrir un calambre permanente en varias partes del cuerpo (resultaba que mi comodidad pasaba por tenerlo a él en escorzo).
Mi madre no intervino en toda esta odisea porque, curiosamente, yo sólo pedía auxilio a mi padre en esa terrible crisis infantil: papá, quítame el dolor, por favor ... papá, ¿por qué no puedes quitármelo?
Pero papá, obviamente, no pudo en esa ocasión sacar de su chistera el remedio mágico que me liberara del dolor en un instante.
Aquella noche descubrí que mi padre no era Dios.
Mi padre ... el que puso su semillita en mamá para que mamá tuviera una tripita muy grande (de la que salió una niña directamente proporcional en tamaño :D). El que ha vivido los 25 años siguientes pendiente de esa semillita. El que se ha angustiado, cabreado, desesperado con la semillita adolescente y se ha sentido orgulloso de la semillita mujer. El que se ha desvivido por darme la mejor de las vidas. El que ha cumplido todos los deseos que he pedido y que ha estado en su mano cumplir. El que me ha enseñado que hay deseos en esta vida que no pueden cumplirse y que debemos superarlo y seguir adelante con alegría. El que me ha mimado. El que me ha castigado. El que todavía me regaña de vez en cuando. El que no me ha dejado decir 'joder' en su presencia hasta pasados los veinte años y delante de quien aún hoy no oso decir 'puta' ni 'coño' ni 'cabrón'. El que ha sufrido con mis lágrimas y vibrado con mis alegrías. El que baila conmigo el rock 'n' roll en las bodas aunque ya le saque casi una cabeza con tacones y no pueda lanzarme al aire en plan acrobático como cuando era canija. El que me llama bebé. El que lleva mi coche a las revisiones y aunque tiene pánico a ir de copiloto en cualquier vehículo, me deja conducir el suyo y sonríe nervioso sin decir nada mientras se agarra discretamente, con manos sudorosas, al pasamanos de la puerta. El que se infla orgulloso como un pavo cuando alguien me elogia. El que me apaga la tele cuando me quedo dormida con ella encendida.
El que, incluso, me compra tangas de vez en cuando. Y, encima, me gustan.
Quiero a mi padre.
Adoro a mi padre.
El padre del Bombón es el mejor padre del mundo (lugar común).
Sin embargo, últimamente discuto mucho con él. Seguramente tiene algo que ver en ello el hecho de que somos como dos gotas de agua; también, que me estoy haciendo adulta y cuestiono más que antes su autoridad. El caso es que me cojo unos berrinches de aúpa. Le retiro la palabra. Nos enfurruñamos y mi madre tiene que hacer encaje de bolillos para que volvamos a llevarnos bien.
Y luego ... vamos un día por la calle los dos, y nos paramos delante de un escaparate donde exponen coches caros, y nos volvemos a decir por enésima vez que un día de estos nos tenemos que vestir 'bien' y entrar en el concesionario fingiendo que somos una pareja de ésas ricachón vs. jovencita, y que nos enseñen el modelo de Mercedes que tanto nos gusta y que nunca podremos comprar. Y rectificamos y pensamos que será mejor decir la verdad porque nuestro parecido físico nos delata siempre y todo el mundo sabe al primer vistazo que somos padre e hija. Y nos echamos a reir. Y compartimos ese tonto juego un minuto más, y me agarro de su brazo y seguimos caminando, calle adelante ...
Se me hace mayor mi padre, y un extraño nudo de ternura y algo más que no sé lo que es (o que no quiero saber, como tantas otras cosas) me aprieta en la garganta cuando me da por pensar que la (su) muerte está empezando a dejar de ser un hecho descabellado.
A los cuatro años descubrí que mi padre no era Dios.
Ahora empiezo a darme cuenta de que mi padre no será eterno.
... desapareció el circulito amarillento sospechoso,
y
... vi Transamérica (menudo robo de Oscar a mano armada a la pobre Felicity!),
y
... me cambié el estilo de flequillo (queda bien, e incluso muy bien :D)
y ...
... no es tristeza; es como estar debajo del agua: cuesta más moverse y todo sucede como a cámara lenta y los sonidos se escuchan distorsionados y los objetos se ven borrosos ...
"Eso es el calor, que ha llegado de repente", me dicen.
Será el calor, pues.
Radio Futura - Escuela de Calor
(megaupload y yousendit se han rebelado y no la puedo subir, msh)
Me levanto. Hace calor. Decido que no me va a dar la gana quitarme el pijama hasta, por lo menos, la hora de comer. Debería estar preparándome para ir a la Academia pero hoy es fiesta en Madrid capital; se retrasa 24 horas el momento academia. Las semanas con días extra son insoportables. Este lunes, técnicamente, no existe y sé que será casi imposible hacer algo productivo con los libros y apuntes, pero a pesar de todo estoy decidida a intentarlo.
Primer desayuno. En el primer desayuno, y bajo la mirada vigilante de mi madre, aún consigo ingerir alimentos con ciertas propiedades nutritivas. Zumo de naranja. Leche (fría). Ese producto marrón en polvo llamado genéricamente Cola-Cao pero que en mi casa es Nesquik. Galletas. Me acuerdo de que tengo apuntado en un post-it el nombre de unas galletas nuevas que tengo que probar: Hob-Nobs. A continuación echo de menos las Digestive de Fontaneda; aquí no hay; no estoy en Madrid. A continuación echo de menos Madrid por un conjunto de extrañas y no tan extrañas razones que tienen nombre de calles y personas y establecimientos comerciales de diversa índole.
Primer intento de estudiar. Infructuoso. Busco en el DRAE la palabra 'infructuoso' para comprobar que existe. Existe. Ineficaz, inútil para algún fin. Exacto. Enciendo el ordenador. Meto el nombre de tres o cuatro canciones que no conozco en el Emule y las pongo a bajar. Me quedo mirando el Emule: la barra de descarga de 'Transamérica' está verde. Verde igual a Completo. Me viene a la cabeza la proeza de anoche: encontré yo sola los códecs que me faltaban para poder escuchar las películas en DivX (nótese que no tengo ni idea de lo que significa la última frase que acabo de teclear, a partir de los dos puntos ...¿?). Compruebo que 'Transamérica' se ve y escucha de lujo. Trato de vencer la tentación de ver la película en ese mismo momento. La venzo.
Miro de reojo los apuntes.
Me voy al Jardín. Contemplo unos segundos (quizás un minuto) mi nuevo avatar. Me gusta mi nuevo avatar. También le gusta a los demás. Eso me gusta (¿más?). Me voy al Forro; allí sigo llevando el avatar de siempre. En el Forro no hay nada de interés. Vuelvo al Jardín. Escribo un par de post. Me vengo al blog. Cuelgo una nota con una letra de Sabina. Doy una vuelta por varios de los blogs que tengo enlazados. Me doy cuenta de que El País de los personajes secundarios y El hombre que usa más laca que yo me tienen completamente atrapada. Leo notas antiguas en los dos blogs; en uno las notas son cortas, en otro largas. Da igual. Ambos son muy buenos. Son mucho mejores que el mío. Pero si no existieran blogs como el mío no se podría apreciar los buenos que son otros. Además este blog es una de las poquísimas cosas en las que he conseguido ser constante en el último año. Esbozo una sonrisa de autoaceptación y autocomplacencia a partes iguales (quizá un poco más de lo segundo).
Segundo desayuno. Una vez cumplido el propósito materno-nutricional en el primero, en éste me puedo permitir destrozar un poco mi organismo. Coca-cola light. Onza(s) de chocolate con leche. Cigarrillo. 330 ml de cocacola light empiezan a ser demasiados incluso para mi; además la cocacola de lata suele estar más espesa (aceptamos espesa) que la de botellita. Eso no impedirá que me la beba, en cualquier caso.
De nuevo en la habitación. Descubro una mancha en mi muslo izquierdo. Un circulito amarillento. En realidad la descubrí ayer pero no le presté atención porque estaba follando; y luego la olvidé. Diremos entonces que la re-descubro. Valoro si tiene pinta de un moratón en su última fase de existencia o de un melanoma en su primera fase de existencia. No he visto en mi vida un melanoma. Le doy al circulito un par de días para que se defina antes de pedir cita al dermatólogo. Tapo el circulito con la tela del pijama porque me está poniendo nerviosa.
Limpio las gafas. Me las pongo y abro Word. Empiezo a escribir sobre la mañana de este lunes que, técnicamente, no existe y cuando la narración alcanza a lo que está ocurriendo en tiempo real, lo dejo. Miro los apuntes. Ya está bien. Técnicamente, teóricamente, este día no existe; la semana de estudio son cinco días y medio + día de descanso + academia. Este día no existe. A nadie le importa lo que hago con él. Pero ya está bien.
Antes de guardar este texto, cerrar Word y ponerme a estudiar, caigo en la cuenta de que he llenado una página con un chaparrón de datos irrelevantes para no pensar en el Tipo nº 1; en lo que pasó, lo que pasa, lo que no pasa, lo que debería pasar y lo que probablemente no pasará porque estoy siendo una hija de puta cobarde por tercer, cuarto o quinto año consecutivo (y mejor no pensar en lo que fui los cuatro años anteriores). Anoto este último y bonito (xDD) pensamiento en la hoja y guardo. Enciendo otro cigarrillo y miro el vaso de Cocacola. El hielo se ha dejado vencer por el calor matinal y se ha derretido. Me solidarizo con el hielo y envidio su capacidad para derretirse y desaparecer a conveniencia.
Resulta que lo de subir archivos musicales, imágenes, álbumes de fotos y demás al blog queda muy chupi ... pero tiene su precio.
Y su precio es alcanzar en dos días los 10 MB que, como máximo, me permite utilizar Blogspirit gratuitamente para mi blog.
Así que, fue bonito mientras duró ... pero ya se acabó. A partir de ahora dejaré enlaces para descargar (quien lo desee :P) las canciones y demás chorradas que me dé por subir ... lo de la musiquilla en directo mientras leías el post queda de lujo, pero no puede ser; no quiero ocupar tanto que me tenga que trasladar a un espacio nuevo, pero tampoco quiero tener que pagar por mi blog.
Anoche me dio por apagar las luces de la habitación, sentarme en la cama y respirar hondo.
Y con el cerebro medio mareado por la sobredosis de oxígeno, caí en la cuenta de que hacía muchos meses que no me paraba a respirar hondo, pero de verdad.
Una cosa es fantasear en modo sexual, y otra muy diferente fantasear en modo sensual.
Yo estoy empezando a fantasear con el Tipo nº 4, en el segundo modo.
Ejemplo: el último día que lo vi, hizo un comentario acerca de su colonia añadiendo que 'él huele siempre estupendamente', y acompañó la frase de ese gesto característico que consiste en señalar con el dedo índice su cuello, y diciéndome que 'si quería comprobarlo'.
Y yo contesté que 'no gracias, me fio de ti'. Ni el lugar ni el momento ni las circunstancias, ni nada era oportuno para que yo aceptase la invitación.
Pero desde aquel día, imágenes de mi naricilla acercándose a su pescuezo (arf!) para oler el dichoso perfume, se pasean en bucle por mi cerebro.
O de repente me descubro pensando en cómo será la sensación de sus dedos índice y anular rozando suavemente mi columna vertebral, y notar los pelillos de la nuca erizándose con ese contacto.
Eso es fantasear en modo sensual, y yo estoy empezando a hacerlo con el Tipo nº 4, y es uno de los mejores juegos mentales que existen en esta vida :D
Pero las fantasías sensuales suelen significar muchas más cosas que el simple deseo abstracto... y no quiero ni pensar en esos otros significados. Me los sé demasiado bien.
... mi cadáver devorado por pastores alemanes, como diría la simpar Bridget (Jones).
Mi cadáver, o lo que de él dejen la falta de sueño y los cambios meteorológicos bruscos con los que nos está obsequiando la primera semana de Mayo.
Tres noches casi en blanco, lluvia ininterrumpida desde antesdeayer, la regla, muchos intentos fallidos y alguno que otro exitoso de acumular concentración, Tipo nº 1 por exceso, Tipo nº 4 por defecto ... ¿resultado? caos y desorden mental evidentes, más una apatía sentimental que no había experimentado nunca antes.
Y así, yo
que no quiero sino que necesito,
que no deseo sino que idealizo,
que no espero sino que anhelo,
¡yo!
(¡¡yo!! xD)
de repente ni quiero ni deseo ni espero, y mucho menos necesito, idealizo o anhelo ... a nada. Ni a nadie.
De hecho, el Tipo nº 4 -sujeto ideal para cualquiera de estos mis verbos favoritos- si lo pienso ahora, hasta podría decir que me cae mal.
(podría decirlo, efectivamente, pero no lo diré; por si acaso me viera obligada a retractarme en un futuro xD)
Estoy antisocial. Indiferente al resto de la humanidad. Por no darme lo que necesito, o por darme lo que necesito pero no lo que quiero, o aún peor: por ser el espejo en el que me veo obligada a contemplar el hecho de que no tengo ni puta idea de lo que quiero y/o necesito.
Y estoy antipersonal. Indiferente a mi misma. Por haber llegado a la conciencia y haber asumido que lo que quiero y/o necesito debo encontrarlo en mi misma y no tratar de suplirlo con lo que me ofrecen otros a cambio de algo que disimule sus carencias.
Escondía los ojos detrás de unas severas gafas negras de pasta que nadie creía que necesitara en realidad y siempre llevaba el pelo recogido en un moño.
Usaba un gorro de lana raído en invierno y en verano unas gafas de sol pasadas de moda, heredadas de su madre.
Había un hueco entre sus grandes dientes delanteros y por él se escapaba el aire de sus eses.
No estornudaba una vez sino al menos veinte veces a intervalos regulares de varios segundos.
Casi siempre miraba al suelo o a las páginas de un libro.
Tarareaba en voz baja.
Se le pintaba la nariz de rojo con cada resfriado.
Fumaba demasiado.
Hablaba muy poco.
Cultivaba ese aire melancólico e insoportablemente tierno que todos tenían por una pose.
Levantaba la vista cuando le hablabas.
Había largas pestañas detrás de esas gafas inútiles.
Miraba a los ojos con franqueza de niño.
Tenía la voz demasiado grave para ser mujer y la sonrisa demasiado dulce para ser un hombre ...
Ella no lo sabía, pero muchos querían alcanzarla...