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sábado, 22 abril 2006
El Pueblo (2): amigas y enemigas.
(nota previa: hablo en femenino porque soy chica y "narro" a partir de mi experiencia personal. Sin embargo, está empíricamente demostrado y diversos testimonios así me lo han confirmado, que ocurre exactamente igual en el caso de los chicos, con ligeros matices que obviamente nunca podré conocer del todo porque no he formado parte de grupos de hombres "como otro hombre más" -aunque he estado cerca xD-)
Normalmente la primera toma de contacto con El Pueblo se produce en verano. Tus padres cogen sus vacaciones para Agosto y por supuesto, tienen pensado disfrutarlas al máximo en su recién estrenada casita "del pueblo".
Y, por cojones (sic), tú tienes que disfrutarlas a tope junto a ellos.
Y tú decides que les vas a joder la existencia en todo lo que te sea posible, porque para cojones los tuyos.
En estas condiciones tan poco propicias para la armonía paterno-filial empieza la convivencia vacacional en el Pueblo. Al quinto día tus padres, hartos de que no les dirijas la palabra y del amplio abanico de comportamientos estúpidos que has exhibido durante 120 largas horas (osea, los cinco días xD), deciden intentar una última estrategia antes de rendirse al ejército del Grito y el Castigo (que es lo que tú buscas, que pierdan los nervios hasta alcanzar el mismo nivel de estrés que cuando no están de vacaciones).
La estrategia consiste en sacarte a la puerta de casa -a regañadientes- para presentarte a los hijos/as (en este caso, -as) de los vecinos; que -oh! casualidad- son prácticamente de tu misma edad, año arriba, año abajo.
Es entonces cuando interactúas por primera vez con un grupo (raza, incluso) de seres humanos que, aunque tú todavía no lo sepas, te acompañarán en tus aventuras de ahora en adelante y casi seguro durante toda tu vida, en mayor o menor medida ...
Las amigas del pueblo.
Efectivamente, un primer vistazo a las hijas de los vecinos permite clasificarlas en dos grupos: las oriundas de la zona, y aquellas otras cuya cara de col hervida delata que son forasteras como tú.
Cruzas miradas de desconcierto con las forasteras. Y sucede el milagro. Identificas en sus ojos tus propios sentimientos, tu misma mala leche adolescente reconcentrada durante meses, tu misma desesperación por encontrar en este agujero alguien con quien tener algo, por pequeño que sea, en común.
Y de pronto todas te parecen divinas de la muerte. Todas te caen bien. Sonríes por primera vez en dos meses y medio, poniendo a tu santa madre al borde del paro cardíaco producido por la incontenible alegría.
Aunque tú no lo sepas en ese momento, estás aprendiendo una importante lección de la vida: el sentimiento de solidaridad hacia aquellos que están revolcándose en la misma mierda que nosotros puede mover montañas. En este caso concreto, conseguir que varias personas en principio muy dispares entre sí hagan piña y se aguanten durante años.
(de hecho, algunas personas sólo llegan a conocer este tipo de solidaridad en su vida, la otra ni la huelen)
Con algunas de esas chicas terminará existiendo una amistad real. Con otras, no. Pero ese grupo primigenio de "forasteras" que se conocieron en tales circunstancias nunca se separará del todo, de tal forma que diez años después será posible, con una simple llamada telefónica, reunir en las Fiestas de verano a las mismas personas que estaban en aquella calle, con aquellas caras de col, aquella mañana de verano de mil novecientos noventaitantos ... y que pasen una semana todas juntas, en su peña, como si nada hubiera cambiado. Como si se vieran todos los días. Aunque seguramente no se ven desde hace años.
Mi propio grupito de forasteras estaba compuesto por Juliette, Teté (ya mencionadas), Juanita, Mary y una servidora. Todas seguimos en contacto. Algunas casi nunca nos vemos. Otras sí. Da lo mismo: siempre estamos ahí.
:')
Este post ya es largo, pero no quiero terminarlo sin responder a la evidente cuestión ... ¿y qué pasa con las oriundas del lugar?
Pues ocurre que ellas, las Locales, pasan a ser enemigas acérrimas tuyas y de las demás Visitantes. Os odiais con pasión. Pero ese pseudo-odio -que no es otra cosa que un mecanismo de defensa producido por el miedo, producido a su vez por el desconocimiento, producido a su vez por la terquedad propia de la edad- se esfuma cuando entra en escena un peligrosísimo espécimen que ningún antropólogo, zoólogo, psicólogo, sociólogo ni vidente ha estudiado ni estudiará jamás con suficiente profundidad:
Las de los otros pueblos.
Continuará. :P
16:10 Anotado en Amarillo real | Permalink | Comentarios (0) | Enviar a Email

